Antecedentes

La gran diversidad de maíces nativos mexicanos que se domesticaron y diversificaron hace más de 5000 años representan una riqueza genética creada por los pueblos de Mesoamérica para producir alimentos sanos sin destruir el ambiente. Sin embargo, los modos campesinos de vida con sus territorios y producción de alimentos sanos se encuentran bajo amenaza del modelo neoliberal. Aun así, los campesinos de México producen más del 75% del maíz que consumimos.

Con más de sesenta razas nativas o criollas y miles de variedades, México es centro de la diversidad del maíz. Producirlo es costoso y es importante que el valor que adquiere cuando se convierte en alimentos (tortillas, tostadas, totopos, tlacoyos etc.) quede en las comunidades campesinas. ¡También es muy importante que se respeten los modos campesinos de producir el maíz!

La agrodiversidad campesina es crucial para enfrentar retos como las plagas o las consecuencias del cambio climático en México y el mundo.

Los maíces híbridos son altos en almidones y nos hacen propensos a la diabetes y a la obesidad. Además, pueden estar contaminados con transgenes y glifosato si se importan de países donde eso se permite. 

El maíz criollo mexicano es bajo en azúcares y almidones, y rico en proteínas, fibras, ácidos grasos benéficos y antiinflamatorios. ¡Si queremos cuidar nuestra salud, debemos comer maíz campesino!